miércoles, 19 de octubre de 2016

La Cosecha.

Este mes de agosto llega a su fin como el abrasador aliento de una salamandra de fuego. Las  moscas vuelan pesadas y aturdidas. Se maduran las moras en las zarzas. Espero ansiosa que lleguen los días frescos. Mientras tanto recojo los frutos que me ofrece La Madre durante la estación para conservarlos.



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Mermelada de Moras Silvestres

Un kilo de moras frescas
Medio kilo de azúcar
Medio limón
Dos clavos de especia
Una rama de canela.

Se lavan las moras con abundante agua, se colocan en un escurridor y las pasamos a una olla junto al azúcar, el zumo de medio limón, los clavos y la rama de canela.
Empezamos a calentar la olla siempre a fuego bajo y sin tapar dejando que burbujee la mezcla durante unos 45 minutos al mismo tiempo que aplastamos las moras para ir hacer la mermelada. No dejar cocer más de la cuenta porque sino se espesaría la mezcla convirtiéndose en un caramelo.
Por último retiramos la canela en rama y ya está lista para degustar.


 
La Mágica Ruda.


ruda

Ruda, planta mágica donde las haya, llegó al jardín de la mano de mi gran amiga Palmira. Ella es mujer de gran conocimiento en el mundo esotérico y siempre anda tratando de averiguar dónde puede conseguir todo tipo de plantas.
Fue un jueves por la tarde cuando golpeó mi puerta portando en sus manos una mata de ruda envuelta en arpillera. Enseguida empezó a enumerar las virtudes de esta planta que, por cierto, huele a rayos.
La ruda protege de las envidias y aleja a las personas negativas. Atrae lo positivo y pone en nuestro camino a las personas y situaciones correctas. Reduce el estrés y el insomnio. Es antiespasmódica. Tonifica las arterias. Evita la retención de líquidos. Favorece la menstruación.
Palmira me acompañó cuando planté la ruda a la izquierda de la puerta de casa para, de este modo, proteger mi hogar de las malas energías.
Mañana coseré un pequeño saquito de semillas de ruda y hojas de menta para ponerlo bajo mi almohada. Así podré ver también el futuro en mis sueños.


Soy Dora Moon, bruja rural.
Vivo en una vieja casa de piedra, en un pueblo del valle rodeado de bosques. 
Abro mi ventana al mundo para mostrar mi vida de artesana y escritora, que gira entre gallinas, gatos y Treze Mirlos.